93 años de la Reforma Universitaria..

En junio de 1918 irrumpió en la tradicional Universidad de Córdoba una protesta estudiantil que se extendió a las demás casas de altos estudios y que tuvo una notoria repercusión en otras naciones americanas. La Reforma Universitaria fue un detonante de gran magnitud intelectual cuyas esquirlas alcanzó al gobierno de Hipólito Yrigoyen, derrocó a la cúpula de la universidad mediterránea y destronó definitivamente un sistema de enseñanza superior en el que primaba el poder de decisión de una logia de profesores vinculada «fraternalmente» a «Corda Frates», una sociedad semi-secreta que imperaba en lo académico con el visto bueno de los jesuitas.

A grandes rasgos, la Reforma Universitaria del 18 propugnó:

* Autonomía universitaria, con el objeto de mantener la independencia ante regímenes de gobierno de cualquier signo.
* Gobierno universitario con participación de todos los sectores, profesores, estudiantes, personal no docente y graduados.
* Cátedras obtenidas en concursos periódicos y públicos de oposición.
* Libre asistencia a clases de acuerdo con el criterio de los estudiantes.
* Formación de centros únicos por facultad, con agremiación automática de los estudiantes. En el seno de estos centros pueden funcionar agrupaciones que en elecciones periódicas se disputan el gobierno de los mismos.
* En el campo político, la Reforma se definió como antiimperialista, antimilitarista, anticlerical y antioligárquica.
* El movimiento reformista levantó como bandera el ingreso irrestricto a la universidad, con igualdad de oportunidades para todos.

Esta primera reforma puede leerse como la antesala de la emergencia de grandes cambios sociales enmarcados en una etapa de transformaciones mundiales, resultado de la lucha imperialista de la primera guerra mundial. Asimiló procesos históricos anteriores, y con ello la mirada de lo latinoamericano, dado que esa chispa que se inició en la universidad de Córdoba, una de las más tradicionales y con mayor peso de la cúpula eclesiástica anquilosada, se generalizó en todas las universidades latinoamericanas y permitió que surgieran nuevos intelectuales orgánicos de ese proceso, como Mariátegui en Perú y Julio Mella en Cuba.

Hoy la Universidad necesita vivir una nueva reforma universitaria latinoamericana que profundice sus gritos de libertad de cátedra, de independencia y autonomía en lo teórico, que se expresan en la capacidad de desarrollar pensamiento propio, parados desde las necesidades y problemas emergentes de la nueva época.

La Universidad debe cumplir el rol de pensarse, de reconocerse en la historia de las luchas por mayor independencia y autonomía de la Nación, por ganar en capacidad de generar pensamiento propio y madurar siendo parte de un proyecto latinoamericanista. La nueva hora latinoamericana y universitaria requiere de la majestuosidad de las grandes hazañas y de las voluntades colectivas, enfrentando a los saqueadores de nuestras riquezas, y recuperando el valor por las epopeyas e ideas de grandeza como las plantearon San Martín y Bolívar.

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