UNC, Triunfo de la Franja en la pulseada para derogar la contribución estudiantil



El Consejo Superior derogo el regimen vigente pero sanciono uno muy parecido.

Tanto margen político tiene hoy el oficialismo que gobierna la UNC que se ha dado el lujo de dedicar tiempo y recursos para ofrecerle el recinto del Consejo Superior a sus dos socios del ala estudiantil, Franja Morada y La Bisagra, para que ventilen allí sus diferencias. Todo sin dejar al margen a la ultraizquierda, que casi logra ayer bloquear la sesión del máximo organismo de gobierno de la casa de estudios.
La sesión igual se realizó, lográndose llevar a votación la derogación de la Ordenanza 5/90 y su sustitución por una nueva norma que, en lo relevante de la tenida ideológica estudiantil, mantiene las cosas más o menos como estaban. Si bien la UNC se autoobliga a financiar con recursos propios actividades paraeducativas que se sufragaban con la contribución estudiantil, el aporte de los estudiantes mantiene su título de voluntario, tal como estaba en el régimen derogado.
Por esto, el artículo 1 de la flamante ordenanza dispone que “los gastos para el normal funcionamiento de las unidades académicas, tales como limpieza, mantenimiento, seguridad e insumos varios así como movilidad para trabajos prácticos, servicios de apoyo psico-pedagógico, equipamiento e insumos para la enseñanza y afines, sean atendidos por el presupuesto asignado a cada Facultad”.

A su vez, los artículos 1 y 7 de la norma derogada y el 6 y 7 del nuevo ordenamiento coinciden en señalar que el aporte es voluntario (ver aparte). Es decir, usando una expresión de Giuseppe Lampedusa, se cambió algo para que nada cambie.
La discusión de ayer le sirvió al oficialismo para intentar saldar sin costos la tensión ideológica entre sus dos fracciones estudiantiles, Franja Morada y La Bisagra. Atiende muy especialmente a que la segunda ha tenido desprendimientos de su ala más radicalizada que reclama posturas de mayor nitidez ideológica (y que no tiene cargos). En el mismo combo, la medida tampoco debía desairar a los radicales, que fueron los impulsores de la contribución sancionada en 1990.

La rectora Scotto ha intentado, como se ve, un equilibrio digno de mejores causas. Porque ni lo que defendieron los franjistas ni lo que atacó La Bisagra es importante: un aporte voluntario equivalente, por medirlo en una unidad de consumo estudiantil, a una etiqueta de cigarrillo... por mes. Cualquiera sabe que aún en el ciclo inicial (prejardín y jardín), también en el primario y secundario, los padres pagan a la cooperadora una suma más significativa. Ni hablar lo que abonan de aranceles en los establecimientos privados.

Un párrafo aparte merece un dispositivo/invitación de la ordenanza sancionada ayer. Se trata del que prevé el aporte voluntario al fondo a crearse, de docentes y no docentes. Es probable que, pretendiéndose muy ecuánime, la norma quiera mostrar en un mismo rango de obligación moral a estudiantes y trabajadores, pero unos son los usuarios del servicio educativos y los otros los que lo brindan, con las diferencias que devienen.
Después del debate, la votación resultó con una muy amplia mayoría para el oficialismo: 27 a favor, 4 abstenciones y 2 en contra.

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